EL ÁNGEL DE LA BICICLETA.

Diciembre del año 2001, el llamado “Diciembre negro”. Todavía parece resonar en nuestros tímpanos los llantos, tiros, piedras chocando contra paredes y puertas, los gritos de desesperanza… De hambre. Aquel año en el que todo se veía perdido, donde conllevaba una gran esfuerzo poner pan en la mesa. En ese entonces la desesperación de una celeste y blanca aplastada, olvidada, con una crisis ahogandola sin esperanza alguna, sin querer olvido los niños y adolescentes. Olvidó el futuro, tratando de rescatar lo poco o nada que quedaba de aquel presente aterrador.

Demás está resaltar los culpable que sin derecho alguno nos robaron nuestras vidas, sueños, trabajos, hogares y seres queridos. Nos robaron pibes, pibas que recién empezaban a sentir la brisa fresca de crecer.

Pero dentro de tanta maleza, de tanto dolor y tanta ira, siempre hay héroes que sin máscaras ni trajes salvan todo lo que tocan. Quizás solo lo cambian, pero es un cambio significativo. Una palabra, un abrazo, un par de zapatillas, una canción, un plato de comida.

F81

De esos era Claudio Lepratti, un estudioso y religioso militante social, militante de la vida, parte de ATE y un amigo del pueblo . El cristiano revolucionario que puso el peso de muchos sobre su espalda, pidiendo nada a cambio. Por amor, por fe, por ilusión, esperanza y sueños. Pocho, como le decían, no volaba pero tenía una bicicleta a la que se subía todos los días con frío, calor y lluvias para emprender su jornada en la que el primero era el otro.

A Lepratti lo mataron el 19 de Diciembre de 2001, lo ejecutaron. Lo mataron con intención, sin posible excusa alguna. Crisis, hambre y angustia en las calles, REPRESIÓN (¿Les suena a algo, hoy 2016?). En medio de eso en Barrio las Flores se les trataba de llenar la panza a los pibes. Mientras se escuchaban fuertes tiros de la policía. “Bajen las armas que hay chicos comiendo” e insultos salían de la boca de Claudio Lepratti desde el techo de la escuela ubicada en el barrio. Velázquez tiro y le dio en el cuello, produciendo más tarde su muerte. Este asesino era un policía, el jalo el gatillo pero se le suman más culpables, cómplices de esa pedazo de historia que entristece nuestros libros.

No fue la única víctima de aquel período que fusiló a civiles, inocentes y  víctimas de una política infame, asesina de laburantes. Una política que lapidó al pueblo con la división social como eje, ¿el peor de los miedos hoy? volver a revivir, volver a sentir que se perdió todo lo logrado. Miedo es creer que tu pueblo, tu par, tu vecino parecen NO TENER MEMORIA, miedo a volver.

Todos somos hormigas, todos somos trabajadores, como vos y yo. Pero POCHO era una hormiga diferente, exploradora y obrera, una completa y tenaz. ¿Existe mayor tenacidad que el solo hecho de “hacer” por el otro?.  Así era él, creía que todos teníamos nuestro lugar, luchaba por cada niño y por cada adolescente, por el futuro. Sus palabras:

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EL INVIERNO NO EXISTE, SI DESPERTAMOS SE VA”

 

“PODEMOS Y DEBEMOS CONSTRUIR LA PRIMAVERA”

 

Hermosas palabras que susurran en cada recuerdo, porque algunos se van y otros, simplemente, nunca se alejan.

Tuvimos otoños y largos inviernos, con personas que con flores adornaban la helada. Quizás no llegamos al verano, pero nos dieron una década de primavera.

La MEMORIA, siempre debe estar anclada en nosotros, es la que nos aleja del horror y del dolor.

Memoria… tienen los laburantes.

Memoria… el que lee incluso sin saber leer.

Memoria… es escuchar.

Memoria… es ver con el alma.

Y memoria es NUNCA VOLVER.

 

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